El hombre que duerme entre mis sábanas, no se valora todo lo que vale. Piensa que es un hombre más entre todos los hombres y no se da cuenta de que eso no es verdad. No es un hombre más entre los hombres, porqué es el hombre que ha nacido para ser el portador de mi felicidad. Nació para hacerme feliz, pero él no lo sabía, pues tampoco sabía que yo ya existía, y que estaba esperandole en algún lugar, a que llenara mi vida con su suave y delicada luz, una tenue luz que no todo el mundo ve, pero que ha podido encender todas las oscuridades de mi interior.
El hombre que duerme entre mis sábanas deja en ellas al acostarse el mismo olor que impregna su piel, el olor celestial que también nombra lo que él es. Me deja en la piel ese olor al acariciarla, al rozármela, pero en mi no huele igual que a ti, pues yo no soy un ángel como él.
El hombre que duerme entre mis sábanas es indomable, pero en cambio domina todo mi mundo. Cuando quiere, sonríe, y yo en cambio, al verle sonrío sin querer. Camina a mi lado, pero yo camino de su lado. Me mira a los ojos, pero yo miro por los suyos. Es la persona que más de cerca me ha visto, pero yo en cambio solo puedo verme en él. A veces se cree que es insignificante, pero yo veo en él el significado de todas las cosas.
El hombre que duerme entre mis sábanas, tiene todo lo que yo deseo, y yo tengo todo lo que él desea. Se pelea consigo mismo por intentar ser mejor, y no se da cuenta de que ya es mejor que todo lo que yo siempre he deseado. Intenta darmelo todo y se siente fustrado por no lograrlo, sin darse cuenta de que ya me lo ha dado todo.
El hombre que duerme entre mis sábanas no es un hombre entre los hombres, porqué es el hombre que ha nacido para hacerme feliz, pero él nunca ha dormido entre mis sábanas, a pesar de las muchas veces que yo he sido arropada por las mismas sábanas que besan su piel cada noche cuando se acuesta a dormir.






















